Cuando mi esposo y yo compramos nuestra primera casa, elegimos un sistema de seguridad que considerábamos infalible: una perra mezcla de Pastor Alemán y Husky llamada Cory. Ella es un animal maravilloso, pero como sistema de seguridad tiene sus limitaciones. Nos acompañaba en nuestras vacaciones y, en caso de incendio, no nos podía brindar ninguna protección. Por eso, como tantas otras personas, comenzamos a considerar sistemas de seguridad para el hogar. En aquella época, estos sistemas eran muy básicos: alertaban a una compañía receptora de alarmas si alguien trataba de abrir una puerta o ventana. Además, la alarma despertaba a los vecinos durante las tormentas de viento, lo cual no nos hizo ser muy populares en el barrio.

Hoy día, los sistemas de seguridad otorgan un significado completamente nuevo al término “protección del hogar y la familia”. Proporcionan imágenes de video en vivo de tu hogar, que se pueden ver desde cualquier computadora con conexión a Internet, o a través de tu teléfono inteligente u otro dispositivo móvil. Te envían correos electrónicos y mensajes de texto cuando sucede algo importante… por ejemplo, cuando tus hijos llegan a casa. Asimismo, prenden y apagan las luces y los controles de temperatura, de forma que siempre parece que hay alguien en casa, independientemente del tiempo que estés ausente. También puedes supervisar estos controles dondequiera que te encuentres, desde tu computadora o teléfono inteligente.

Ahora ya podemos disfrutar realmente de los tranquilos días de ocio en nuestras escapadas de verano, con Cory a nuestro lado.